Un rostro había sido hermoso,
-San Mateo de Bach-
hoy desfigurado, monstruoso
cavila la vida devanada
Un hacha para Raskolnikov
es frío féretro carcomido
que desaparece inescrutable
Veinte veces en veinte espejos
cercenados, carnavalizados
hacen la noche en él, como aquel que
hace un fuego en el bosque y huye