Ya no caminamos sobre piedras,
sino sobre nombres que esperan ser
leídos: Sol, Estrella, Fuego, Agua,
Rocío, pie que camina
escondiéndose furtivo
La materia deja de ser inerte
para que podamos, al menos,
rozar su presencia.
Copas, Vasijas, Coronas,
Tronos, Zafiro...
Necesitamos poner nombres para
no morir de frío.