10 junio

El sabor del vino te libera del destino

Con los nervios crispados viajando por teclados y pedales distorsionados, micrófonos acoplando, rotos, preñados, aullando náuseas desconsolados Lanzando trozos de tejido, bisturíes vidriados con el cogote partido
Era yo en el castillo de aire, separado, al son de sintetizadores empastados.
Campos santos más que blancos, ustedes saben lo que sufro, que estoy muerto en la selva empalado, hasta el cuello enarenado. Era yo gritando en vez de estar cantando bajo capas y texturas de amores amarillos, embutidos de moscas que huyen de mi tumba. Y otra vez yo, atiborrado de manos suicidas temblando, matado sin armas matumitidas, acariciando la belleza de una rosaleda en agonía

Abrí la puerta, probé los vinos, sin manos, sin ojos, sin vaticinios, estaban ahí! sobre las ruinas, ni el
olfato lo sabía, estaban ahí! y casi nadie lo creía
La conciencia es disonancia, no armonía