Cuando vemos una piedra
que cae, no es Newton, es
el deseo de la piedra de
revantarse contra la tierra
Es el deseo natural de la
piedra de reposar junto al
salto de Léucade muy lejos
Al igual que la piedrita, nuestra
sangre no se desintegraría, si
antes no se elevara, cayera y
se rompiera frente a la vieja
roca de los cielos lejanos