13 abril

Gesto para un silencio

Había una vez en alguna
parte del bosque profundo
una niña escondida en el
hueco de un árbol
olvidada de todo... 

De todos los dones de la
imaginación era dueña, de
la soledad acrisolada soberana
Bebía las ondas del más
distante río, donde idealizar
no se volvía un acto vacío 

Intuía que soñar era la
única libertad que esperar
podía: duendes, espíritus
y sombras la ayudaron
Nueva fuente, vida viva,
viva fuerza, a dónde iría ?
donde hallarla nadie podría 

En la cueva de las
ensoñaciones
las arañas de su mente
cascadas de coral
tejian transparentes
Lo pequeño se volvió
grande, el fuego olvidado
se expande se enciende

Un resplandor de eternidad
se alza sobre la fealdad
del mundo,
sin la avaricia del tiempo,
hay algo qué pueda llegar
a ser bello después de este
segundo?

Con un rictus inusitado
de ternura en la sonrisa,
al pie del altar de Dios
murió la niña,
y fue como si de repente
nos hubiésemos quedado
todos a solas