Cf. el velo del templo, fue arrancado en la crucifixión (Mateo 27.51) para significar ‘un final a todas las ceremonias de la Ley’
Victorias pírricas eran
llamadas por los vulgares
sedientos de sangre,
mártires de Satán
los llamaron siglos después
sus detractores, mientras
que ellos, aquellos primeros santos,
Adalides de los rechazados,
no se presentaban a la batalla
como guerreros sino como
víctimas pasivas, la guerra que
libraban no era de este mundo
En un solo mes murieron
treinta mil hombres tan solo
en espectáculos de gladiadores...
No fueron enterrados como
los demás muertos, ni llorados
como cualquier deudo
Fueron masacrados, decapitados,
quemados vivos, arrojados a los
leones en el coliseo por divertimento,
asados en parrillas a fuego lento hasta que expirar,
tormento de quemaduras extremas
aplicado a los costados
con plomo derretido,
puestos desnudos sobre ascuas
mezcladas con vidrio,
azotados hasta que quedaban a
la vista sus tendones y venas,
desgarrados con agudos garfios,
siendo descuartizados,
metidos en bolsas de cuero,
junto con serpientes y escorpiones,
echados al mar, varios fúeron destripados, y, poniendo maíz en sus vientres, fúeron entregados a los cerdos, los cuales, al devorar el grano, también devoraban las entrañas de los mártires
A otros les ataron piedras en el cuello,
y se sabe de muchos precipicios
que adquirieron fama por el número
de aquellos primeros santos
que eran despeñados desde
las piedras más empinadas por
sus verdugos, odiosas serpientes
de cola enroscaba, que consideraban
el asesinato de los cristianos
como un mérito para sí mismos.
El fuego y la cruz, la rotura de
los huesos y el desgarramiento
de todo el cuerpo eran asiduos.
Las torturas que les fueron impuestas
rebasan la capacidad de descripción
Un hambre voraz de martirio,
signo supremo de Fé y
llave de entrada al Paraíso
guiaba las sangrantes heridas abiertas,
los ojos levantados al resplandeciente cielo
siendo coronados de espinas,
atravesados con lanzas, atados a estacas,
sus pies traspasados con clavos
en imitación de la pasión de Cristo
«Dejadme gozar de estas fieras»
dijo Ignacio de Antioquia
blandiendo en el aire
el signo de la cruz
y recibiendo a los animales
como instrumentos de salvación
molidos por los dientes de fieras
salvajes fueron transustanciados
en pan puro