Lo más alto de las ramas
cayendo calladamente
Eros no es un dios, es
un daimon.
Lo monstruoso desea
la hermosura, ser el
dueño del yermo
. . .
El enamorado, luz
moribunda en los ojos,
no padece compañía.
Hablá desde el pozo.
El soplo desaparece
en la llama
El alma engendra en
el alma.
Una llegada inhablada
ha sido el culto
azul de lo que se apaga.