Increíble para oírlo,
imposible para decirlo
Se recostaron
sobre el pecho del
otoño del Oriente
Prefiguraciones y
sombras
inefables
silentes
Aplastados unos por otros
a las salidas del templo,
píamente
Los dos fueron decapitados
a un tiempo, de la sal de las
lágrimas exentos
no saborearon la muerte