Después del dolor
las redes de la exégesis no
te atraparon
En lugar del ojo divino,
los ojos de barro se abrían
como uvas negras
y parcial mente te cegaron
Tropecé con tus restos
mortales, siempre dormían
Iban tirados por una cuerda,
que sin soltar, arrastraba una
langosta azul por el Palais-Royal
El sublime extraviado, solo,
se donaba en el Altar
Te habían ataviado con
un largo sayal,
Te hacía parecido al fantasma
del ángel de la melancolía,
de Alberto Durero
pero más triste
Transformado en sueño o
rito de pasaje,
arropado por la canción de
los olivos desasiste
todos los secretos del mar,
que bebí del oleaje
Secretos anteriores a los mitos,
más allá de la historia que no existe
Debajo de lo dicho
se reanima la palabra
enlutada
El inventor de almas
calla que naciste
Profunda profanidad
amatiste,
debajo de lo dicho
no queda nada
Qué heridas son éstas
que tenés en tus manos?
Eterna víctima inmolada
Que lindo que es morir por nada,
cuando sos vos al que llaman nada