La cacofonía del ave desgarbada
arroja sus dilatados gritos sobre
los hombres, como cualquier día,
(incluso sobre los qué nunca más
verán la luz)
Todas las disonansias dispersas
son llevadas al paroxismo
del caos desentonado
Ah! ¡Ah! ¡Ah!
desendemonia el estruendo
perforando
Desde el nido de espinos
las pesadillas que
testimonian la escena se abren las venas
Ah! ¡Ah! ¡Ah!
El alarido de la estrangulada
se acelera, el ritmo se repite, se extrema
Ah! ¡Ah! ¡Ah!
(nadie escucha)