- Lo rápido que se olvidan
los muertos! me dijo un
viejo sepulturero (era
mí abuelo) lo oyó de los
violadores de tumbas,
esos pícaros usureros
Pero no sabe cómo es, esa
estrella Isabelina que en mí
frente está tatuada, es
mejor e inmaculada,
traducida a una lengua de
alabanza,
igual a la cruz de fuego,
que en el ciervo de San
Huberto fue anunciada
En la temible noche del amor
desprendiéndose de
cualquier apego
la demencia sedienta
su vida se bebió
Convertir en vacío en don
Noé ebrio con su candor
querella del puro amor
La suprema pasividad es la
máxima actividad
No hay mayor afecto, que
carecer de todo afecto
Se enamoró de ella
cuando la vio muerta,
besando sus labios mustios
despojados de todo aliento