el centenario mendigo
acostado en la vedera
-reliquia en un ataúd-
Un mago de hapapos estrellados
sufraga sonámbulos suspiros
y mil sonrisas ciegas.
Pálido el rostro, la boca abierta
amarilla y negra.
las manos grises desprendidas
al viento lejano que pasa
más allá del nudo en sus ojos muertos—
. . .
(Bendecido ciego de nacimiento! otros tardan toda una vida en desnudarse. Vos empezaste desnudo)