No podía ni escribir, ni
hablar, la alegría que en
todos tiembla lo hacía
angustiar
No aceptaba el hambre y
la sed como una forma de ser
y estar en este mundo errante
Enajenación numinosa
La lengua es balbucear algo
fuera de los límites trazados
ante el infierno del Dante
Estado cataléptico,
Nada para execrar o adorar
puede compararse
El alma desiste de toda imagen
refinada, danzante
Una sospecha vehemente,
al fin descorre la cortina
Un bien absoluto, irracional,
yace oculto algo
último y punzante
Un cuerpo normal después
de haberle cercenado
la cabeza
La irrupción de algo inesperado
descorre la cortina
y corusca radiante
Es el fondo del alma
En el reino de los misterios
se fatiga el pensamiento,
más sí una gota cayera en el
infierno, el propio infierno
tornaría en cielo abierto