Vivía soñando y moría
durmiendo,
los parientes del
moribundo pedían abrir
las ventanas hasta que
se soplara igual que una
vela, serpiente de mercurio
suspendida, como el
beso de Judas en la hora
declarada, sacudiéndose
convulsiones en la
comedia final tan deseada
Es solo una cuestión de
aversión, callaba la familia,
con mirada casi afable
Entre tanto él se unía al frío
aire de la noche, con un
dolor intenso y un placer
inefable
En el cajón de chapa
oxidada de la mesita
"hospitalaria" un papelito
decía: "Si me querés no
lleves flores a la cita, solo
un arma cargada en mí
féretro antes que cierren
la tapa (es para uso
medicinal)"