Dejá que la herida sea
apertura —
la propia desaparición
se instila, te configura.
Si ya estás muerto,
nadie puede matarte.
Si ya no tenés nada,
nadie puede robarte.
Estar cayendo como la lluvia
es la invulnerabilidad
del hombre que no existe.
De su propia muerte el anfitrión
ya no teme— el cuerpo
se vuelve de la eternidad ración