Un mudo gritando en el vacío,
como ante las puertas los mendigos.
Espejo de mercurio,
vidrio que se deja atravesar
no tenés nada que ofrecer
salvo tu naufragar.
No te apropies de tus lágrimas,
de tu pequeño dolor.
Aunque me pierda en mi propia mente,
sabes dónde estoy.